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Historia

Comienza esta historia con la inscripción de la propiedad por parte del Ayuntamiento, en los primeros días de 1929, de la finca que fue comprada meses antes a Juan Gil Clemente por 1.000.- pesetas, donde se encuentra el nacimiento.

Posteriormente se procedió a canalizar el agua hasta el pueblo. Se instalaron las primeras fuentes públicas; Los Caños, La Ballestería, en la Plaza de María Pichín y en la Plaza del Mesón, más tarde se instalarían otras en Los Arcos y en la calle de Enmedio.

Se sabía que el agua era muy buena, por lo que se decidió encargar a un laboratorio de Madrid una analítica completa, que confirmó que el Agua de “Los Cloticos” era de extraoridinaria calidad.

Dos vecinos de la localidad, Carlos Vicente y Eusebio Mañes, comenzaron a llenar las primeras garrafas en la fuente pública de la plaza, transportándolas posteriormente a Valencia, trayecto en el que invertian entre cuatro y cinco horas, en el camión que hacía de “ordinario”, en el que también se transportaban sacos de pienso, muebles, comestibles y a algún vecino que necesitaba ir a Valencia. El agua se distribuía a pie, en tranvía, en carro de caballo y en triciclo. Posteriormente un gran invento permitiría hacer el trabajo más fácil, el “Isocarro”.



Eusebio Mañes

Las garrafas eran de 16 litros, de cristal con envase de caña, que había que repartir en otras más pequeñas para facilitar la distribución. En los primeros repartos no se cambiaba el envase, sino que se le vaciaba con un embudo a su propio recipiente al cliente.



Camión de transporte Agua de Bejís

Los primeros clientes particulares de Valencia, a los que había que llevarles el agua a sus domicilios, fueron de la plaza de San Miguel y de la Plaza del Angel, los encargados de la distribución eran Enrique Gil Mañes y el antes citado Eusebio Mañes. La tía Coca y la tía Paulina fueron los primeros clientes no particulares que recíbian agua para vender a sus propios clientes.

Con la llegada de la Guerra Civil se interrumpió el comercio del agua.

En el año 1941 se retoma la distribución del agua, hasta 1957, año de la riada en Valencia. La sociedad Eusebio Mañes y Enrique Gil constituyen el primer mercado del agua, distribuyéndola, casa por casa, en Valencia, Fuente de San Luis, Quart de Poblet, Mislata, Manises, etc. Luis Capilla y Elvira Gil trabajaron “más que de sol a sol”, para que el agua llegase a la clientela recien hecha. En los primeros años con la dificultad de tener que realizar numerosas paradas de “control”, pagando “peajes encubiertos, unas veinticinco pesetas”, a determinados guardias para poder proseguir el camino. En las entradas de Valencia estaban los “fielatos”, que cobraban una tasa de paso, dos pesetas cada vez que se entraban mercancías.



A partir de 1945 el ayuntamiento cobra una tasa por el llenado del agua.

En 1967 se inaugura “El llenador”, en el edificio que actualmente alberga al Museo de Bejís. Este hecho supone una gran mejora, pues la limpieza y el llenado de garrafas se realiza de manera más organizada. Las garrafas son envueltas en mimbre, para mejorar la protección y evitar rompimientos, se adquirían a Llabrés en Valencia y posteriormente a Juan Clemente en Bejís. Dos personas son las encargadas de realizar el llenado de las garrafas, haciéndose cargo de sus emolumentos el propio Ayuntamiento, Vicente Capilla y Narciso Zorío.

En los primeros años, la escasez en el número de garrafas obligaba a comenzar el trayecto desde Valencia hasta Bejís una vez terminado el reparto, por lo que el viaje comenzaba al anochecer por las tortuososas carreteras de la época, una vez en Bejís se descargaba, se llenaban las garrafas y se volvía a cargar el camión, para regresar a Valencia a primera hora del día siguiente.

Muchos han sido los transportistas y los vehículos utilizados; uno de los primeros fue Vicente Cortés, de Teresa, que hacía los viajes en un camión Ford, modelo “María de la O”, luego vendrían los modelos Man, de color rojo, el Esteir alemán y posteriormente los modelos Ebro y Barreiros.


Garrafas antiguas de agua

El incremento del número de garrafas permite lavar y llenar dentro de un horario más regular, aunque todo se realiza de forma manual, recurriendo a personas de apoyo para cargar y descargar los camiones.

Las garrafas se precintaban con un papel cruzado, que sellaba el tapón de corcho, luego se le ponía un metal de contraste para dotarlas de la garantía adecuada. Posteriormente se pasó al tapón metálico, como el de las actuales cervezas, después al tapón de rosca y al tapón rojo de plástico, hasta llegar al actual sistema de termosellado plástico envolvente.


Precinto de agua

En 1970 se inicia una forma de exportación que permanecería hasta 1986, se trataba del llenado de cubas para su distribución directa en Sagunto y el Puerto de Sagunto.

Mariano Martinez y José Flor Macián, de Torás, con sus dos hijas, vienen a llenar sus cubas, primero en “el llenador” y posteriormente haciéndolo directamente desde el manantial, donde se habilita un depósito especial y una manguera para el llenado.


Cuba de reparto de agua

En octubre de 1972, Joaquín Tortajada es contratado por la viuda de Mariano Martinez y nos cuenta como repartían: “los vecinos del Puerto, al oír el claxon del camión, salían con cántaros, que habían que llenar uno a uno, también salían con botijos y otros recipientes, hasta que en los últimos años se impusieron las garrafas”.

En aquella época el cliente más importante era “Altos Hornos”, la siderúrgica, que recibía el agua llenando un depósito propio y luego, con una vagoneta, la repartía por las diferentes secciones de la factoría.

Las citadas cubas también llenaban los aljibes de las estaciones de tren de Masadas Blancas, Torás-Bejís y la estación del Juncar.

En 1985 se da el gran salto, con la inauguración de la Planta envasadora en “Los Cloticos”, este hecho coincide con una gran expansión de las ventas.


Fuente Los Cloticos